Y tú, ¿qué @#¿?^+* sabes del coaching?

Artículo escrito para la revista “Proyección del Capital Humano”

Hace algún tiempo, una persona que conozco me decía estar preocupado por el mal desempeño de un subordinado: “fulano anda haciendo mal las cosas, hay que darle coaching para decirle qué tiene que hacer”. Indudablemente mi conocido no tenía idea de que es el coaching.

En los últimos años se ha despertado un gran interés y necesidad por parte de las empresas, de contar con coaches que apoyen a sus ejecutivos a mejorar su desempeño, y a partir de entonces, es increíble la cantidad de coaches, escuelas, metodologías y herramientas relacionadas con esta disciplina, que han surgido como por arte de magia.

Los que nos dedicamos al coaching de manera profesional (unos más conocidos que otros, sin que la capacidad tenga que ver necesariamente con ello), vemos que para muchos proveedores del servicio, el coaching es una moda que debe aprovecharse mientras dure.

La verdad es que esta noble y sensacional (con toda intención utilizo esta palabra por su connotación acerca de los sentidos) profesión, tiene mucho más tiempo de lo que la gente cree y además, es mucho más que una moda.

Si uno tiene la intención de adentrarse en la carrera de coach, ya sea de manera profesional, o bien como parte de los roles que desempeña un líder, es importante tomar en cuenta varios aspectos.

El primero: Qué es realmente el coaching y cuáles son sus beneficio

Tomando en cuenta que existen un sinnúmero de artículos que hablan de ello y de las bondades de esta disciplina, podemos resumir diciendo que el coaching es una relación entre un individuo o equipo que quiere pasar de un estado actual a uno futuro, y un coach que cuenta con las habilidades, conocimientos y vocación necesarias para ayudar al cliente (individuo o equipo) a lograrlo, a través de un proceso controlado mediante una metodología específica.

Un buen proceso de coaching acelera los resultados deseados por el cliente, y es ahí en donde radica una de las mayores ventajas de utilizar esta metodología. Además de obtener resultados más rápido que en un proceso normal de desarrollo, se genera la toma de conciencia y responsabilidad que cada uno debe tener de su propia vida. Si estamos hablando de un proceso de coaching profesional bien hecho, como individuos participantes en el proceso (tanto cliente como coach) estaremos siendo beneficiados con una mejor calidad de vida (en un proceso de coaching el aprendizaje se da en todos los participantes).

El segundo: Saber que en la vida de toda persona, existen momentos específicos en que requerimos de un proceso de coaching.

En nuestra experiencia personal, hemos identificado algunos de ellos y los enumeramos a continuación:

Insatisfacción en la actividad desarrollada.
Conocimiento de que se puede hacer algo más pero sin saber qué (“algo me falta”).
Se descubre uno mismo criticando la situación actual (jefe, empresa, compañeros).
Problemas psicosomáticos (dolores de cabeza, espalda, estómago, etc.).
Sólo la “necesidad” del sueldo lo mantiene en el trabajo (“¡Pero ya estoy harto….si no fuera por que necesito el dinero….!”).
Falta de energía para comenzar el día y exceso de la misma para buscar la hora de la salida.
La vida pasa inútilmente y sin rumbo, razón o propósito.
Bajo desempeño.
Indecisión en cuanto a la carrera profesional o algún otro ámbito de la vida.
Estar “atorado” o “estancado” en algo relacionado con la vida profesional o personal, lo que produce las anteriores.

La verdad es que la mayoría de las veces en que caemos en alguno de los casos anteriores, buscamos de manera natural a alguien para que nos escuche y nos ayude con nuestra insatisfacción. Si caemos en buenas manos, podremos salir avante. Si no es el caso y encontramos a alguien en iguales circunstancias, acabamos formando un grupo de incomprendidos y quejosos, que se reúnen en cualquier momento para competir a ver a quién le está yendo más mal.

El tercero: Qué hace el coach y cuáles son las características con que debe contar para desempeñar su trabajo.

El coach, como ya mencionamos, apoya y acompaña a su cliente para que defina su situación actual y futura, haga distinciones, genere posibilidades, tome conciencia de sí mismo y de su entorno, establezca acciones y sus prioridades y se mueva tomando la responsabilidad de su propia vida.

El coach sigue la agenda del cliente y lo acompaña mediante preguntas, escucha activa, observaciones, principios, herramientas, metodología, modelos y todo aquello que lo ayude a enfocarse y generar posibilidades y acciones que lo conduzcan al estado deseado.

El coach se encarga del proceso, mantiene límites profesionales en la relación, asegura la confidencialidad, sigue un código de ética de la profesión de coaching y deja que sea el cliente el que maneje el contenido a tratar. Por ningún motivo, el coach le dice al cliente lo que tiene que hacer, pero se asegura de que el cliente desarrolle su plan de acción y lo reta (positivamente) para que lo cumpla.

De acuerdo con Alberto Calderón, creador del modelo de Coaching Sistémico, la actividad del coach tiene, principalmente, los siguientes propósitos:

Enfoque. Mediante conversación y preguntas profundas para enfocarse en sí mismo, buscando las grandes verdades y el éxito personal dentro de uno. Conocer y aprovechar sus talentos, capacidades, fortalezas y potencial.
Observación. De los comportamientos y la forma de comunicación con otros.
Escucha. Percibiendo e interpretando las intuiciones, supuestos, juicios de uno, para encontrar sentido en lo que dice el otro.
Auto disciplina. Para revisar las actitudes, creencias, y comportamientos actuales y desarrollar otros nuevos que le sirvan de mejor forma para el logro de los objetivos.
Estilo. Fuerza el estilo actual de influencia personal y sus limitaciones para desarrollar un estilo ganador.
Acciones decisivas. Aún cuando sean desagradables, y despreciando las inseguridades personales, para alcanzar lo extraordinario.
Compasión. Comprensión hacia uno mismo conforme él o ella experimenta con nuevos comportamientos, vive experiencias con reveses, así como él las vivió.
Humor. Compromiso para no tomarse uno mismo muy en serio, utilizando el humor para iluminar y abrillantar cualquier situación.
Control personal.* Manteniendo la calma al encarar desacuerdos y expectativas no alcanzadas, evitando reacciones emocionales.
Valor. Para alcanzar más que antes, desechando la base del temor y convirtiendo a la abundancia en la esencia de la estrategia del éxito, comprometiéndose a una continua auto evaluación, para superar los obstáculos internos y externos.

Si analizamos los puntos anteriores, encontramos que muchos de ellos se relacionan con el desarrollo de las habilidades específicas del coach, que no todo el mundo tiene, o las tiene pero no en la profundidad necesaria para desarrollar la profesión.

El cuarto: Los entregables y la medición del éxito del coaching.

Comenzaremos por decir que el único capacitado para evaluar el éxito del proceso de coaching es el cliente que lo recibe directamente, ya que es el experto de su propia vida.

Si tomamos en cuenta el punto de vista del que contrata el servicio de coaching, como puede ser la empresa a través de Recursos Humanos, el jefe directo, etc., debemos estar seguros de que requerirá tener claro que el proceso de coaching funcionó.

Para medir el éxito del proceso de coaching, encontramos dos tipos de indicadores:

Externos, que pueden ser comprobados por otros, como los son las competencias o comportamientos observables (o los cambios positivos en estos), el logro de metas y la mejora en el desempeño con todos sus indicadores (eficiencia, productividad, etc.).
Internos, que tienen que ver con la propia percepción y evaluación del cliente en cuanto a satisfacción, cambio de paradigmas, creencias, toma de conciencia, nuevas posibilidades, distinciones, auto confianza, felicidad, etc.

Una persona que lleva a cabo un exitoso proceso de coaching, toma mejores decisiones debido a que tiene mayor claridad y auto confianza.

El quinto y último: Que el coach esté certificado y/o alineado a una asociación o federación de coaching, da la tranquilidad al cliente de que es una persona congruente con su profesión (esto aplica también para un programa de capacitación en habilidades de coaching).

Existen realmente pocas asociaciones, federaciones o agrupaciones que establecen, regulan y certifican habilidades y estándares de la profesión de coaching a nivel mundial. Dentro de las más reconocidas y prestigiosas se encuentran la International Coach Federation (ICF) y la International Asociation of Coaches (IAC). Ambas fueron fundadas por el que es considerado padre del coaching moderno, Thomas Leonard, quien también fundara una de las agrupaciones más grandes de coaches con fines educativos: Coachville.

Todo aquel que quiera acercarse a esta joven y enriquecedora profesión de coaching, debe revisar si tiene vocación para ello (puede evaluarse en morecoach.com).

Después, revisar las opciones que hay en el mercado, dentro de las que se encuentran el Coaching Sistémico (único en México acreditado por la ICF), el Coaching Ontológico ABC, el coaching con PNL y Metacoaching, el Cognitivo, el modelo de Coachville (cuyo presidente en México es Alberto Calderón) y algunos otros más que se han preocupado por hacer las cosas de manera profesional y cuyos programas contemplan una preparación adecuada. Buscar las opciones que cuentan con altos estándares internacionales y se preocupan por llevar al mercado coaches confiables, hará que el coaching no sea una moda, sino una disciplina de alto potencial para mejorar la vida de las personas.

Finalmente, se requiere practicar y dominar las habilidades, modelos, y herramientas, capacitación constante, apoyo de un coach y asegurar que se sigue teniendo una gran vocación de ayuda.

Si requiere más información, escríbanos a contacto@acctua.cc.

Colaboraron para este artículo:

Juan Carlos Flores Merino
Carlos García Prado
Alberto Calderón Danel
Coaches Sistémicos Certificados

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