El Coaching de Equipos

Por Juan Carlos Flores Merino

A raíz de que se puso de moda el coaching, gran variedad de modalidades se ofrecen a todos aquellos que han visto en esta excelente disciplina una herramienta de soporte para el desarrollo de las personas.Dentro de las modalidades se encuentra el coaching de equipos. Tal como ocurre en el coaching individual, el de equipos acompaña a los participantes pero con una específica condición: el equipo es un ente totalmente diferente a los integrantes del mismo. ¿Esto qué significa? Que el coach trabaja con un “individuo” llamado equipo, que piensa, siente, decide, se equivoca, aprende y sobre todo, llega a resultados. El coach considera al equipo capaz, responsable y experto en su trabajo, por lo cual se compromete con el compromiso del equipo pero no con sus resultados. Estos últimos son responsabilidad total del equipo.

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El Justo A Tiempo y Usted

El Justo A Tiempo y Usted
Por Juan Carlos Flores Merino

Imagínese que en la línea de producción de una fábrica hay un trabajador que produce una pieza defectuosa y se la entrega al siguiente trabajador de la línea para que la ensamble con otra pieza.

Debido al defecto, el segundo trabajador no podrá realizar su labor. En un sistema de producción tradicional, el segundo trabajador arrojará la pieza defectuosa a la canastilla del desperdicio, ya que dicha pieza está considerada dentro del porcentaje aceptable de defectuosas.

Como existe un gran inventario adicional por si las dudas, la línea no parará de producir. Sólo habrá que esperar a que llegue la buena. Ahora, imagine que el sistema de pago es a destajo y que las piezas forman parte de un embarque que espera el mejor cliente de la empresa. Agregue la situación de que en la empresa no existe espacio para almacenar material adicional, puesto que el alquiler del suelo es muy caro. En este caso, el trabajador afectado acude con el que le pasó la pieza defectuosa y le hace entender que no puede realizar su trabajo si no recibe piezas 100% correctas. Le explica además que podrían perder al mejor cliente y quedarse sin trabajo al cerrar la empresa por incumplimiento en las fechas de entrega, o en el mejor de los casos perder mercado y dejar de ser competitivos.

¿Se imagina? Lo anterior fue una situación real que vivió Japón. En condiciones
de pobreza, a causa de haber perdido la guerra y tener una condición geográfica poco favorable, Japón y su gente tuvieron la gran necesidad de utilizar al máximo sus recursos, y al cabo de muchos años de esfuerzo lograron ponerse a la cabeza del mundo industrial. Por eso no nos extraña que los japoneses sean los padres del Justo A Tiempo o Just In Time (JIT) fincado en los principios enseñados, curiosamente, por el estadounidense W. E. Deming.

NI ANTES NI DESPUÉS

El JIT es una actitud y una forma de hacer, más que una técnica de producción, como muchos piensan. Plantea eliminar paulatinamente las causas de los altos inventarios, partiendo de la base de que no haya defectos. Justo A Tiempo significa tener las cosas justo en el momento en que se requieren (ni antes ni después), en la cantidad y calidad solicitadas.

¿Cómo lograrlo? Haciendo bien lo debido, desde la primera vez, manteniendo un alto grado de calidad en todos los pasos del proceso, con base en un compromiso a prueba de dudas.

Las principales ideas de un sistema JIT son:

• La flexibilidad de todos los procesos sin la pérdida de control.
• La reducción de los tiempos de preparación, lo que significa reducir al mínimo el tiempo que tardamos en cambiar las condiciones de las herramientas de trabajo para producir un elemento diferente al que normalmente elaboramos.

• Eliminar las operaciones innecesarias, el inventario (de cualquier tipo de insumo) y el desperdicio (de material, dinero, tiempo, etc.). • Usar técnicas encaminadas a mejorar los procesos y la participación conjunta de todas las áreas de la empresa. • Programación conjunta con proveedores, lo cual significa involucrar a la gente externa que trabaja para nosotros, convirtiéndola en parte de nuestra empresa.
Con el JIT, existe un involucramiento y un compromiso por parte de cada empleado de la empresa. No hay necesidad de una complicada labor de supervisión, ya que cada empleado está suficientemente capacitado para autosupervisarse y motivarse. El JIT no se da sin Calidad Total y requiere del trabajo en equipo y de un esfuerzo permanente.

El proceso de mejora continua no es la meta, sino el camino. Como mencionamos al principio de este artículo, el JIT se relaciona con un ambiente de producción, pero… ¿cree poderlo aplicar en su trabajo? ¿en su vida? ¿considera que es solamente una metodología aplicable a lo administrativo y logístico o también a lo mental? ¿por dónde empezaría?

Al Final – Después del último Coach

Por Juan Carlos Flores Merino

Estaba haciendo el reporte del crimen que recién acababa de investigar, cuando de repente, un golpe seco se oyó en la habitación contigua. Mi corazón se sobresaltó y en el momento volteo hacia la puerta y cuál sería mi sorpresa. No pude contener el asombró y grité: “¡No puede ser!….era ni más ni menos que…..” Tuve que dejar de escribir, porque tocó a mi puerta alguien insistente pero pausadamente, como para asegurarse que lo oiría más por persistencia que por fuerza.

Como siempre, era tarde y seguía yo en la oficina dedicando tiempo a recobrar el día que se las había arreglado para irse más rápido que de costumbre y yo tratando de continuar con mi novela de suspenso.

Me dirigí a la puerta a abrir.

Coach – Adelante

Pasó un hombre ya muy entrado en años. Diría yo que en su última década de vida. Aunque quién soy yo para decirlo. Después de todo, todos, en cualquier momento podemos estarlo.

Cliente – Gracias, buenas noches.

Coach – Buenas noches, tome asiento. En qué puedo servirle (“a eso me dedico”, me recordé a mi mismo para no sentir la hora de irme).

Cliente – ¿Es usted el último coach?

Coach – (Caramba, este hombre lee la mente, por aquello que dije de la última década de su vida….) ¿Perdón? (le dije algo confundido)

Cliente – Si hombre, el que escribió el relato de “el último coach”. No se espante, no me pienso morir en este momento.

Con una gran sonrisa me miró a los ojos y se dirigió a darme su mano para saludarme.

Cliente – Mucho gusto, soy Flores ……, Gustavo Flores.

Coach – El gusto es mío, soy Mateo Flores. Mire que coincidencia, hasta podríamos ser parientes. Con tan pocos Flores que debe haber (no cabe duda que me puso nervioso la broma de don Gustavo en relación a su edad y la ridícula cara que he de haber puesto yo). Dígame Don Gustavo ¿en que puedo servirle?

Cliente – Pues mire, la verdad es que me estoy preparando para mi futuro, que dicho sea de paso, es seguramente de corto plazo. Hace tiempo que me jubilé y me he dedicado a atender a mi esposa, pero la verdad es que siento que todavía puedo hacer algo más de lo que estoy haciendo. Creo que cuando llegamos a acumular tanta juventud podemos compartirla y ayudar a alguien. En resumidas cuentas, quiero que sea mi coach para definir qué haré el resto de mi vida.

Pensé rápido qué decir, porque la verdad estaba muy sorprendido de la actitud de esta persona. Sinceramente nunca hubiera pensado tener un cliente como Don Gustavo.

Coach – Encantado Don Gustavo. Me honra usted con su confianza, aunque me parece que saldré ganando yo. Y no me refiero a lo material, sino que me parece que con la experiencia a que se refiere, aprenderé más de usted que usted de mí.

Cliente – Primero que nada no me diga Don Gustavo, que me hace sentir como hacendado de la revolución. Y de que usted aprenderá más de mí me parece muy bien, aunque no nos subestime ni a usted ni a mí, ya que yo todavía puedo aprender y usted parece que me puede ayudar a hacerlo. Como ustedes los coaches dicen “el cliente es el experto en su vida y el coach se centra en el proceso” ¿o no?

¿Quién será el coach de quién? Fue la primera pregunta que se me ocurrió y obviamente era para mí. Se notaba que no solo había leído el artículo del último Coach, sino que se había documentado.

Coach – Pues bien Gustavo, podemos empezar mañana mismo si le parece.

Cliente – No tan rápido, que pienso estar por aquí algún tiempo más. Déjeme arreglar algunos asuntos esta semana y nos vemos en ocho días.

Inmediatamente dicho esto rió estrepitosamente, demostrando que su autoestima se había acumulado tanto como su experiencia. Por mi parte, me seguía sintiendo algo ridículo porque estaba experimentando una fuerte oleada de dudas de cómo debía dirigirme a una persona de la edad de mi cliente. Por supuesto, que eran mis propias interpretaciones y juicios.

Coach – Muy bien Gustavo. Usted decide. Nos vemos la semana que viene aquí mismo a las 10 a.m. ¿le parece bien?

Cliente – Claro que sí Mateo. Ya nos pondremos de acuerdo en los mejores horarios para las siguientes sesiones. Hasta uno de estos días lo puedo invitar a cenar unos frijolitos que yo mismo preparo. Nos vemos la semana que viene.

Coach – Me dará mucho gusto Don…..perdón, Gustavo.

Una vez que se fue, traté de recapitular mi experiencia inicial con mi futuro cliente. Comprendí que lo mejor que podía hacer era lo que Gustavo me había comentado: “centrarme en el proceso”.
Cerré la oficina y me fui a mi casa.

Primera sesión
La semana siguiente, justo a la hora acordada, se presentó Gustavo. Venía impecablemente vestido, aunque su ropa a todas luces había visto mejores épocas.

Cliente – Buenos días coach.

Coach – Buenos días Gustavo.

Cliente – Traje mis apuntes para que no se me olvide decirle nada. Usted dirá.
¿Por dónde comenzamos?

Coach – Platíqueme quién es Gustavo Flores.

Cliente – Caray Mateo, aún con mis años me sigue costando trabajo decir quién soy. Me he dado cuenta que a mi edad es más fácil decir quién fui pero ahora hasta la misma familia me lleva a hablar de “mis tiempos”. Lo que yo les digo es que “estos” son mis tiempos. Así que yo soy primero que nada un ser humano íntegro que ha acumulado tantas experiencias que se me desbordan.

Coach – Dicen que la experiencia no es lo que a uno le pasa, sino lo que uno hace con lo que le sucede… ¿Qué opinas Gustavo?

Cliente – Pues mira, creo que tan me ha servido lo que me ha sucedido que he llegado hasta aquí con ese deseo de seguir “dándole”. Sé tantas cosas que como te comenté cuando te conocí, deseo que otros las aprovechen. Es como aquel cuento que hablaba del mejor arquero del mundo… ¿lo conoces?

Coach – En realidad no. Cuéntame.

Cliente – Pues se trata de un estudiante de arquería que quiere ser el mejor en ello. Pasa todos los niveles y llega a ser el mejor, y así lo cree hasta que alguien le dice que hay alguien mejor. Como todo buen joven, incrédulo y fanfarrón, pidió que le dijeran dónde encontrarlo para que le enseñara todo lo que sabía.
Para llegar a donde se encontraba este gran maestro, tuvo que caminar y sortear toda clase de retos. Cuando llegó hasta el lugar en donde se suponía que vivía, el pensó que encontraría un hombre alto y fuerte. En su lugar encontró un anciano vestido humildemente, pero eso sí, con mucho porte, así como yo…Bien, como te decía, se encontró a este hombre parado en un monte, viendo a lo lejos… ¡a por que en mi versión tenía una excelente vista!
El joven le pregunta que si era él el gran maestro arquero, a lo que el anciano le responde que sí. El Joven le pide que se lo demuestre, y sin mediar más palabra, el viejo levanta las manos como si trajera consigo un arco, apunta hacia un árbol lejano haciendo todos los movimientos como para lanzar una flecha. Suelta de pronto la saeta imaginaria y a los pocos segundos cae un fruto de aquel árbol, como impactado por el dardo. Al pedirle al joven que lo acompañara a recoger el objetivo caído, le dice que había llegado a un nivel de dominio en su oficio, en el que ya no requería las herramientas.
Coach – Excelente cuento Gustavo. En verdad no lo había oído. ¿Qué te dice a ti esta metáfora?

Cliente – Pues que el ser anciano, si es que entendiste tu misión, es llegar al final con un grado tal de maestría en la existencia, que ya no necesitarás más la vida.

Me quedé estupefacto y patidifuso con lo que acababa de escuchar (dejo al lector la interpretación de estas palabras domingueras). La verdad es que nunca había reparado en que la vida es el campo de batalla en donde aprendemos a utilizar y practicamos con un montón de cosas materiales, para que al final ya no las necesitemos más. Algo así como decir que el grado máximo de tener o dominar algo es no necesitarlo. La pregunta para mí sería ¿y qué pasa con los que mueren sin haber aprendido? Me queda de tarea.

Coach – Gustavo, me acabas de descalabrar con el gran veinte que me cayó. A este paso tendré que pagarte yo las sesiones de coaching.

Cliente – Me parece muy bien que te quedes con ello. Y hablando de aprendizajes, estaría bien que nuestros gobiernos aprendieran también ¿no? Me refiero a que como humanidad no hemos avanzado porque todavía estamos atrasados en aspectos tan básicos como la igualdad entre los seres humanos. Como ejemplo están todas las discusiones sobre la diversidad y que todos tenemos los mismos derechos, para luego hacer leyes especiales para indígenas, niños y mujeres. ¿Pues no que todos somos iguales?, ¿Por qué la especialización de las leyes? En fin.
Como te decía… ¿qué te decía? Perdona, así somos los sabios: olvidadizos. ¡Ahhhh!, ya recuerdo, hablaba de la maestría y de cómo ayudar a otros con nuestra experiencia y las cosas que hemos acumulado.

Coach – ¿Qué has pensado que podrías hacer con todo ello?

Cliente – En realidad varias cosas. Una de ellas es donar las cosas que no uso. En el caso de la ropa y otros utensilios, ya no necesito comprar nada, porque tengo lo que requiero y la verdad es que uso poco. Por ejemplo, tengo algunos suéteres que no uso y están como nuevos ¿qué talla eres?

Coach – Un poco más grande que tú, pero te estás saliendo del tema.

Cliente – Tienes razón. Pero si sabes de alguien me avisas. Bueno, pues te decía que la razón del coaching es averiguar qué….no, déjame corregir…cómo puedo ayudar a otros con lo que he aprendido.

Coach – Me parece muy bien. ¿Te parece si haces un análisis y defines para qué eres bueno y cuáles son las 3 o 4 aportaciones que podrías hacerle a otros? También te pido que pienses y describas en papel, ya sea de manera escrita o con dibujos, cómo serían las personas a las que ayudarías. ¿Te parece que lo veamos la siguiente sesión?

Cliente – Excelente. Será escrito por que soy muy malo dibujando.
Coach – Esa es una orden a ti mismo y una sentencia.

Cliente – Yo lo sé pero te aseguro que a estas alturas no me preocupa no ser buen dibujante y saber que prefiero escribir.

Coach – (Ni que decir de la contundencia de mi cliente). ¿Cuándo y a qué hora nos vemos?

Cliente – Eso es, directo y sin vueltas. La próxima semana, mismo día, aquí y a la misma hora.

Coach – Excelente. ¿Qué te llevas de la sesión?

Cliente – Que solo hace falta alguien que te escuche y pregunte objetivamente para saber que se puede uno comunicar consigo mismo a través de otro.

Coach – Me gusta esa definición del coaching. Gracias Gustavo. Hasta la próxima sesión.

Cliente – Adiós jovencito. Santas y buenas tardes tenga su merced. Ja ja ja. Era un dicho de mi tierra. Nos vemos la siguiente sesión.

Segunda sesión

Coach – Hola Gustavo. ¿Cómo te ha ido? ¿Qué sucedió de nuestra sesión pasada a esta?

Cliente – Hola Mateo. Pues que estuve pensando, analizando y sobre todo, observando y definiendo a mis futuros depositarios de conocimientos. Mi proceso fue el siguiente: Pensaba en toda la magia de la tecnología. Me maravilló, por ejemplo, cómo puedes hablar por un aparatito tan pequeño como los teléfonos celulares. En mis épocas de niñez eso hubiera sido un cuento de hadas y por supuesto no le hubiéramos creído al que nos los contara. Me imagino que eso le pasó a mi cuate Julio Verne.
Después de ello, pensé en que las nuevas generaciones han perdido mucho de la magia de la curiosidad y la falta de imaginación. Ya todo está digerido y no hay muchas cosas que asombren a los niños. Lo que también pensé, es que lo natural está volviendo a estar de moda, pero a precio de oro. Por ejemplo, lo que antes era común como sembrar en casa, ordeñar la vaca que uno mismo tenía y alimentaba, ahora se llama orgánico… Siguiendo mi proceso (hace un paréntesis y me dice “¿cómo la ves que uso tus mismo conceptos de coach?), pensé que las generaciones de jóvenes y niños serían un buen “mercado objetivo”, además de que me gusta convivir con ellos.

Coach – Excelente primer acercamiento. Más adelante podemos retomar esto. Ahora platícame ¿para qué eres bueno?

Cliente – En ese ejercicio, me la pasé escribiendo y escribiendo y no encontré más cosas que para dar consejos.

Coach – Me parece bien, eso te aleja de ser coach… Es broma. ¿Sobre qué temas te gusta aconsejar?

Cliente – Pues me observé utilizando refranes y dichos para utilizarlos ante problemas de otros. Eso me hace una especie de depositorio de filosofía popular y sobre todo de “interpretador” de circunstancias que observo. En verdad no se para que sirve eso. ¿Qué opinas?

Coach – En verdad creo que es simple y por lo mismo algo complejo de aplicar, pero sí observo algo interesante. Primero, regreso a lo que mencionas de que te la pasaste escribiendo ¿no será que eso es algo que te gusta hacer y haces bien?

Cliente – Mira, no me había puesto a pensar en ello. Ahora recuerdo que seguido me piden que les redacte cosas a mis hijos y nietos.

Coach – Que bien, creo que vale la pena seguir trabajando sobre ello y los temas que te gusta escribir. Lo segundo requiere que observes más sobre que asuntos se te da más aconsejar, utilizar refranes y dichos populares, y yo añadiría cuentos y metáforas que has utilizado conmigo.

Cliente – Me parece bien. No recuerdo haber tenido tanta tarea desde la escuela. Esta sesión será corta porque voy a acompañar a uno de mis hijos y sus hijas a cenar. Les encanta que les platique anécdotas….¡Ahhhh!, ya encontré algo más que me gusta hacer y a los demás les gusta. Luego te platico qué más encuentro.

Coach – Me parece bien. En esta ocasión saltó la liebre por donde menos lo esperábamos.

Cliente – Oye, el de los dicharachos soy yo. Nos vemos la semana que viene, misma hora y lugar. Y me adelanto: Me llevo un aprendizaje de mi mismo acerca de que lo que hacemos bien lo disfrutamos tanto y lo vemos tan natural que lo perdemos de vista.

Una sesión posterior

En esta ocasión Gustavo y yo nos quedamos de ver en un parque, en el que caminaríamos descalzos para tener contacto con la naturaleza. Obviamente seleccionamos uno en el que el pasto no fuera el laboratorio de transformación del producto terminado de la comida canina o de cualquier otra especie viviente. En verdad fue difícil encontrarlo.

Coach – ¿Listo para conectarte con la tierra Gustavo?

Cliente – Desde antes de llegar Coach. Me encanta conectarme con la tierra, siempre que sea del lado de arriba.
Dicho esto comenzó a reír. Yo no me atreví a decir más cosa, porque además de que me gustaba su sentido del humor, también pensé en todo lo que me hace falta “digerir” de conceptos tan naturales como regresar a la tierra de donde venimos y la naturalidad con que Gustavo lo tomaba. Es mi interpretación.

Coach – Pues comencemos a caminar, mientras platicamos. Solo déjame comentarte que hasta este momento has hecho ya varios ejercicios, reflexiones, análisis, descubrimientos y con todo ello ¡he aprendido una enormidad! Dicho esto, quiero preguntarte ¿cómo te sientes hasta este momento del proceso de coaching y qué crees que te hace falta?

Cliente – Primero que nada quiero decirte que no te adornes alabándome tanto, que de todas maneras te he estado pagando puntualmente (dicho esto echó una carcajada). Es broma. Lo que si quiero expresarte es que me he dado cuenta de que las personas comenzamos una búsqueda desenfrenada, haciendo viajes a lugares cada vez más lejanos, y al final, cuando comenzamos a entender, acabamos encontrando lo que buscábamos al regresar a casa. Es paradójico que para llegar al cielo hay que escarbar mucho ¿qué opinas?

Coach – Si esto fuera una película, el actor que hiciera mi papel tendría que poner cara de sorprendido y apabullado en cada escena en que apareciera alternando con tu personaje.

Cliente – ¡Qué caray! Me encanta que en cada sesión encontramos que ambos ganamos con este proceso. Sólo que si como coach lo vendieras así, el cliente acabaría cobrándote por darte la oportunidad de ser su coach.

Coach – Déjame ejercer mi rol y traerte de nuevo al tema, o mejor dicho, regresarnos. ¿Qué más has aprendido de tu proceso?

Cliente – Pues aprendí en este camino, que todo lo trae uno dentro, pero siempre hace falta en la vida un coach que te ayude a ordenar lo que ya sabes.

Coach – Con lo que me dices, acabo de encontrar un nuevo argumento para tener un coach. ¿Qué otra cosa consideras importante que te va a ayudar en lo que estás buscando hacer el resto de tu vida?

Cliente – Primero quiero pedirte que nos sentemos en aquella banca, ya que mi modelo de carrocería requiere hacer más escalas que el tuyo (nos dirigimos a una típica banca de parque y nos sentamos todo lo cómodos que se puede estar en estos aposentos). Como te decía, de lo que encontré importante, es que enfocarse en enseñar o provocar el aprendizaje en otros requiere de un grado de maestría muy alto en comunicación. Observé que la comunicación es como los perros extraviados – (imagínense de nuevo al coach que escribe, con la cara de asombro acostumbrada), entre más los persigues, más corren. Es necesario caminar despacio y dejar que las cosas se den y el animal no te vea como una amenaza.

Coach – Déjame ver si te entendí. Lo que me dices es que si quieres comunicarte como un experto, no funciona, pero si lo tomas natural y sin presión, las cosas fluyen y salen bien ¿es así?

Cliente – Palabras más, palabras menos. Aprendí pues que para hacer lo que quiero y aportar lo que sé y ayudar a otros, debo ser mejor comunicador, siendo natural, sin presiones ni grandes grandilocuencias ni sermones, cátedras o clases especiales a los que quiera ayudar.

Coach – Entendido. Recapitulando, podría decir que harás lo que has estado haciendo de manera natural, y tratando de adquirir la maestría necesaria que te lleve a no necesitar utilizarla, hablando de la comunicación. ¿Es así?

Cliente – Ni yo lo pude haber dicho mejor. Algo a lo que me he enfrentado, es que en la medida que he dejado de ser la figura de autoridad frente a otros, la gente a mí alrededor realmente no me toma en serio o no me escucha, quizá porque me consideran fuera de moda o algo así. Eso me pasa más cuantos más años tienen las personas con las que interactúo.

Coach – ¿Quieres decir que entre más jóvenes sean tus interlocutores, más abiertos están a escucharte y tomarte en serio?

Cliente – Sí. Será porque entre más experiencia vamos teniendo, más conocemos y más miedo nos da las cosas que escuchamos.

Coach – Coincido con eso que comentas. De hecho, como dicen los coaches ontológicos “la palabra no es inocente”, y yo añadiría lo que dice Carlos mi socio “La fuerza de las palabras no estriba en la intensidad de la voz, sino en la verdad que contienen”.

Cliente – A ver, barájamela más despacio y explícame lo que dicen los oncológicos esos….

Coach – (No me quedó más que reír) Oncológicos no. Dije: on-to-lógicos.

Cliente – A, perdón, recuerda que no escucho bien y no me queda más que interpretar…ándele, machetazo a caballo de espadas….

Coach – Caramba Gustavo, no dejo de divertirme platicando contigo. A lo que me refiero con lo que te comenté es que, por ejemplo, el hecho de que un político de esos de los que luego me platicas, que no anda por buenos pasos, diga al público “estamos en contra de la corrupción, porque es un cáncer para la sociedad”, aunque no tiene la reputación moral para soportar su dicho, no quiere decir que la verdad contenida en la frase no tenga valor y contundencia propia.

Cliente – Clarísimo. Y por cierto, ¿a qué venía toda esta plática?

Coach – Comentabas que tus interlocutores jóvenes escuchaban y atendían más a lo que decías.

Cliente – Cierto. Si te contara todas las veces que me decepcioné de gente cercana que me extendía la cortesía de “estar” conmigo, pero sin comunicarse, compartirías un poco de la soledad de estar “acompañado” que suelo tener, y más desde que cambié de rol a “persona de la tercer edad”.

Coach – ¿Ha sido soledad o desolación? (dicho esto recordé que esta distinción la hemos trabajado mucho mis clientes y yo, y que tengo que estar muy atento para saber si es de mía o de ellos).

Cliente – ¿Por qué insistes en hacer pensar a mi cerebro que pide a gritos descanso? Tomando en cuenta que es mi decisión ser víctima o no, opto por la soledad, que es más productiva y menos cómoda.

Coach – ¿Y de qué te ha servido esa soledad?

Cliente – Mmmmm. Pensándolo bien, me he convertido en un ser más observador y reflexivo. Estaba acostumbrado a ser líder en mi trabajo y mi casa y casi nunca tenía tiempo para mí. Ahora, si lo veo desde otro punto de vista, tengo tiempo para pensar. Claro que quisiera tener la fuerza para hacer, pero creo que la naturaleza es sabia y uno paga con un día de vida cada nuevo amanecer, y seguramente si no tuviéramos que hacer esa inversión, viviríamos en el desenfreno total sabiendo y pudiendo hacer….imagínate un niño sabio y travieso. Quizá hasta sabiduría y juventud lleguen a ser antónimos.

Coach – Como dices tú, “me da grima” que me la revires y me pongas a pensar en algo en lo que no había reparado.

Cliente – Me quedo satisfecho con eso por el día de hoy. Ahora solo me falta definir algo….

Coach – Escucho.

Cliente – Quiénes serán esas personas que se beneficien de mi experiencia, habiendo llegado a punto de cerrar todo lo anterior que hablamos.

Coach – Si tú fueras el depositario de la experiencia de una persona como tú, ¿Quién quisieras que fuera la persona de la que recibieras ese beneficio? Me refiero a un rol, personaje o figura.

Cliente – ¿Más trabajo mental?….. ¿Me lo dejas de tarea? Ya comienza la hora de mi programa favorito y a este tema le voy a dedicar toda mi concentración, que dicho sea de paso, ya no es tanta como antes. ¿Nos vemos la semana que viene?

Coach – Con el mismo gusto de siempre, en mi despacho a la hora acostumbrada.
Gustavo no era el único que quería tener toda la concentración sobre este tema, ya que yo también me llevaba trabajo de reflexión y conciencia. Me daba la impresión de que la tarea que se llevaba Gustavo era de los últimos elementos que hacían falta para llegar al plan final de su tema de coaching. Todavía no acabábamos el proceso y ya había comenzado a extrañarlo. Ahora entiendo aquello que nos enseñaron acerca de “amar y disfrutar a tu cliente”.

Penúltima sesión

Me encontraba listo para recibir a Gustavo en una de sus últimas sesiones y estaba preparando un café, que tanto nos gustaba tomar a ambos, cuando escuché los acostumbrados toquidos de mi querido “coachee”, como siguen diciendo algunos compañeros coaches. Abrí la puerta y ahí estaba Gustavo, con una cajita en su mano derecha. Venía vestido con una combinación extraña, ya que usaba su traje color café claro, una corbata roja con azul y un suéter verde con una bufanda azul.

Cliente – Hola Mateo. Veo que observaste mi atuendo tan “rimbombante”. Como ha estado haciendo frío, utilicé lo que me servía para este tiempo. Y como decía mi mamá “ande yo caliente, ríase la gente”. Bueno, déjame decirte que te traigo dos regalos. El primero está en esta caja. Espero que te gusten, ya que eran de mi papá y yo llegué a tenerles mucho aprecio. Te estoy dejando lo material, pero me perdonarás que el aprecio y los recuerdos los conserve yo.

En la caja estaban unas mancuernillas doradas con una piedra roja en el centro. Me dio emoción recibirlas y al mismo tiempo preocupación de que tendría que comprar una camisa especial para mancuernillas. Agradecí lo primero y me olvidé de lo segundo.

Coach – Gracias Gustavo. Además de los aprendizajes que me has provocado, tendré tu regalo como símbolo de la gran persona que eres. ¿Y el otro regalo?

Cliente – Sabía que no se te pasaría. Ese obsequio es algo que escribí pensando en la comunicación. No sé si alguien le haya escrito a ese tema, aunque imagino que sí, pero toma, léelo.

Tomé la hoja de papel escrita a máquina, que yo pensé que ya no había quién utilizara estas herramientas, aparte de los contadores que se ven obligados a hacerlo por que el fisco todavía está a medio modernizar.

El texto decía así:

“Comunicación aparente”.
“Es un surco que creamos, por tantas veces que lo andamos.
Una y otra vez lo caminamos.
Siempre empieza cada uno de su lado y lo andamos.
Y por ahí coincidimos y nos encontramos.
Cada vez más profundo el surco. Tanto que no nos vemos. Solo hablamos. Empieza ahí, acá, del mismo lado.
Un surco que nos ha identificado.
No resuelve, solo andamos una y otra vez de lado a lado, solamente intercambiamos.
Tú aquí y yo del otro lado.
Es un surco transitado de ida y vuelta, vuelta e ida.
Es un surco de por vida. En donde no nos vemos, solo hablamos.
Un camino en donde a veces coincidimos, otras nos seguimos y las demás nos ignoramos”.

Solamente me quedé callado, pensando. Realmente tenía tantas interpretaciones. Tantos sentimientos vividos, que me apenaba hacerlos míos, porque me identificaba con ellos. Imagino que muchos lo haremos. Me vino a la mente la expresión que he de haber puesto, que seguramente fue nueva.

Cliente – ¿Necesitas un coach? Te puedo recomendar uno muy bueno.

Dicho esto, río abiertamente. Yo por supuesto cambié mi cara por una de bochorno y luego de dueño de la situación. Efectivamente, encontré que había algunos temas que resolver de mi parte. Ese será un buen tema para coaching.

Coach – Me pillaste, como dirían los españoles. Tiene tanta profundidad, que se transparentan tus sentimientos, aunque esto que digo seguramente tiene más que ver conmigo que contigo.

Cliente – Estás en lo cierto. Tienes un buen ojo avizor. Con este escrito cerré el capítulo y directamente quiero decirte el resultado de mi tarea.

Coach – Adelante. Soy todo coach.

Cliente – Pensé en la pregunta que me dejaste para reflexión y pasé por una criba todo este asunto. En este filtro puse a todas las personas de las que tuve aprendizajes, incluyéndote, y al final me remonté a mi niñez. Por lejano que parezca, no tardé mucho y me di cuenta que mi personaje favorito y en el cual me pude reflejar fue mi abuelo y a su vez, mi padre, que aunque no alcanzó a conocer a sus nietos y por lo tanto no tuvo esa maravillosa oportunidad, sí me inspiró sentimientos parecidos a los de mi abuelo.

Coach – Me da gusto que hayas encontrado un personaje que tu mismo estás viviendo. Ahora mi pregunta es ¿Encuentras sentido en tu hallazgo y satisface tu búsqueda inicial?

Cliente – En verdad y aunque suene muy simplista, efectivamente quiero ser un abuelo provocador de aprendizajes. El único punto que tengo que arreglar es mi necesidad de ayudar a más personas que solamente a mis nietos. Creo que hay muchas más a las que pudiera ayudar de la manera que encontré que puedo hacerlo.

Coach – ¿Qué se te ocurre que puedas hacer para mejorar tu porcentaje de bateo?

Cliente – Ahora beisbolista. ¿Te dije que jugaba en un equipo cuando niño en mi pueblo?

Coach – No me platicaste. Seguramente tendremos oportunidad de platicarlo. Ahora déjame escuchar tu respuesta.

Cliente – Si ya sé. Regresemos al proceso. Pues bien, NO, no se me ocurre.

Coach – Si quieres ayudar a más personas y lo puedes hacer a través tu rol de abuelo, ¿a cuántas personas crees que puedas influir desde ese rol?

Cliente – Déjame pensar. Mmmmm. Si pienso como ingeniero que soy ¿te dije que era ingeniero?…Ya sé, ya sé…regreso al tema… Como ingeniero vería solamente a los que “toco”. Claro que si lo veo como pensador libre, estaría hablando de mis nietos, sus papás, quizá algunos de sus amigos…

Coach – Digamos que pudiera ser exponencial.

Cliente – No lo había pensado así, pero me parece que sí. La otra sería que me convirtiera en un abuelo de alquiler, pero no tengo ganas de comenzar a verme como producto. Me quedo satisfecho con este nuevo descubrimiento y conclusión.

Coach – ¿Qué más Gustavo?

Cliente – Me parece que esta es la sesión más corta que hemos tenido.

Coach – El tiempo no importa si logras el objetivo. Me parece que solo nos quedaría cerrar tu proceso de coaching, dedicando tiempo a tu plan de acción. ¿Cómo andas esta misma semana para enseñarte un modelo de plan para ver si te sirve y lo comiences a trabajar?.

Cliente – Me agrada. Pasado mañana aquí mismo y a la misma hora. Se me facilita porque mi hijo me trae y pasa por mí. Tengo el privilegio de tener un ingeniero de chofer. (Ríe de nuevo) Que no me oiga porque a lo mejor me cobra y a sueldo de profesional. Bueno coach, nos vemos pronto.

Tuvimos todavía algunas reuniones más. Gustavo nunca perdió su buen humor y ánimo, a pesar de que tuvo varios problemas de salud, veía muy poco, oía limitadamente (“oigo pero no entiendo lo que dicen, sobre todo si la que habla es una mujer” decía y yo creo que era una manera más de demostrar su sabiduría), caminaba dificultosamente y otras dolencias más.

Tiempo después vinieron a verme uno de sus hijos y dos de sus nietas. Recuerdo que su hijo me presentó a sus hijas, y cuando las saludé, hice la pregunta más común que se les pueda ocurrir “¿cómo te va?”… ¿Pueden adivinar su respuesta? Claro, es obvio (como dice una de mis hijas) “Bien. Sólo a los tontos les va mal”. Cuando saludé a la otra, traté de cambiar el contexto y le dije “qué bonito abrigo azul y bufanda verde con rojo”. Se me quedó viendo captando que me refería a la extraña combinación y su respuesta la habrán intuido: “ande yo caliente….”.
Su hijo me contó que a Gustavo lo había encontrado el destino, tal y como alguna vez me dijo que le gustaría irse de este mundo: dormido y feliz (¿ley de la atracción?). Me comentó que su papá les había estado comentando acerca de su coach, pero no les dijo qué estaba trabajando. A pesar de ello, su hijo también me dijo que en esencia Gustavo no había cambiado, sin embargo algo comenzó a hacer diferente, a tal grado que comenzaron a ponerle más atención; más personas se le habían comenzado a acercar, e inclusive notaba cambios en ellas. No me supo explicar más.

Antes de marcharse me entregó un paquete envuelto sin mucha ciencia, pero de manera muy práctica. Dentro estaba un suéter impecable, todavía con la etiqueta de la tienda. Junto estaba una nota que decía:

“Coach: Como te comenté, tengo ropa que no utilizo, aunque el problema de las tallas sería difícil de solucionar. Es por eso que te compré este suéter que me gustó. La realidad es que lo compré pensando más en mí que en ti, pero el beneficiario serás tú. Así es que espero que te guste y lo disfrutes en estos tiempos tan extraños. Si no es febrero loco, marzo otro poco, seguro es el cordonazo de San Francisco. Le pedí a mi hijo el ingeniero que te lo llevara porque mi “pata” no funciona bien y no encuentro el bastón que quieren que use. Gracias por todo. Espero que tengas oportunidad de probar los frijolitos que te comenté, porque están de rechupete. Saludos. Gustavo”.

En realidad me entristeció el saber que no tendría oportunidad de platicar de nuevo con Gustavo, sin embargo algo en mí está seguro de que él había logrado su objetivo. Sobre todo porque además de que observé algunas muestras en su hijo y nietas, Gustavo no hizo bien sus cuentas. Le faltó contarme a mí como su beneficiario, además de mis hijas, mi esposa, mis nietos, mis amigos, mis clientes y todos aquellos que seguramente recibirán algo de lo que todos aprendimos.

Colaboración de Guillermo Echevarría: Tu Minuto de Coaching – ¿Cómo bailar con la más linda?

Estaba en una escuela de negocios dando un taller de supervisión y coaching cuando se cortó la luz. El lugar no tenía ventanas y la oscuridad se hizo total. En seguida se oyeron las expresiones de sorpresa de los presentes y voces que llegaban de salas contiguas a la nuestra, en las que se estaban dictando otros seminarios. Yo, que venía entrenándome en tomar los imprevistos como oportunidades, respiré profundo al tiempo que me preguntaba ¿qué oportunidad es esto para nosotros?

Y mientras esperaba que me llegara una respuesta mejor que la típica reacción de quejarnos o matar el tiempo hasta a que pasara el problema, pregunté al grupo si seguían allí y si estaban bien. Contestaron todos a la vez, un poco alterados por la situación. Estaba pidiéndoles que nos escucháramos cuando bajó la respuesta a mi pregunta: si el propósito de este encuentro es entrenar el liderazgo ¿por qué no convertir la oscuridad en una oportunidad para liderar superando las circunstancias?

Entonces, invité al grupo a continuar discutiendo el tema en el que estábamos antes del apagón.

Apenas terminé de decirlo se hizo un silencio total. Una de las participantes contestó que le parecía buena idea, pero el resto permanecía callado. Sentí que la oscuridad los desorientaba y me puse a conversar con toda naturalidad con la mujer que se había animado. En seguida se sumó la voz de un hombre que se identificó y entró en el diálogo. De a poco fueron apareciendo el resto de las voces. Luego de un rato, la conversación se había puesto súper movida y, a pesar de que éramos varios interlocutores, la comunicación fluía con toda claridad.

Nos encontrábamos navegando en ese intercambio de ideas, contagiados por la emoción de sentir que habíamos superando un obstáculo, cuando nos sorprendió el regreso de la luz.

Supusimos que el desperfecto habría sido arreglado, pero ninguno decía nada. La experiencia de conversar a ciegas había sido impactante.

Siento que en este rato de oscuridad nos comunicamos como no lo habíamos hecho hasta ahora dijo uno rompiendo el silencio. Yo también –agregó otro el hecho de no poder verles las caras me llevó a estar mucho más atento a lo que cada uno decía y a cómo lo decía.

A mí, el asunto del ejercicio en la oscuridad, les reconozco que no me hizo demasiada gracia y al principio estaba bastante incómodo –le empezó a decir un gerente a la primera mujer que se había animado a hablar y que hasta ese momento casi no había participado del seminario -Pero entonces escuché tu voz tan segura y me puse a hablar como si los estuviera viendo.

Les confieso que escuché sus voces por primera vez- compartió otro. Fue un diálogo impecable. No nos superpusimos entre nosotros en ningún momento –dijo asombrada una de las participantes y remató: Voy a hacer este ejercicio con mi equipo.

Nos quedamos mirándonos por un momento como diciendo ¿y ahora qué hacemos?

Me disponía a continuar cuando una participante me interrumpió para hacer una propuesta que en otro contexto hubiera sonado un poco loca, pero que todos aceptamos de inmediato.

Fue la primera vez que terminé un encuentro a oscuras.

Nos despedimos hasta la semana siguiente, junté mis cosas, dejé la sala y ya estaba por cruzar la puerta de salida cuando me detuvo el portero: Casi se quedan encerrados hasta mañana- dijo- Como con el tema del apagón se suspendieron todos los demás cursos… ¿Se quedaron a oscuras?

Ya estaba dejando el edificio cuando se me acercó uno de los gerentes que se había quedado esperando para hacerme una pregunta en privado: si lo del apagón había sido planeado por mí como una dinámica del seminario. Me sorprendió completamente que me lo dijera, y tuve que confesarle que de alguna manera sí: mi plan había sido que todo, hasta lo inesperado, sumara a los objetivos del seminario.

Sus palabras me hicieron tomar conciencia de que esa noche habíamos danzado tan armoniosamente con lo imprevisto que se había convertido en la mujer más linda. Esa dama llamada oportunidad.

Tu Minuto de Coaching

Cuando suceda algún imprevisto que altere tus planes, te propongo que dediques un minuto a preguntarte ¿Qué oportunidad podría ser esto para mi propósito original?, para que en lugar de reaccionar puedas elegir una respuesta que construya.

Artículo colaboración de
Guillermo Echevarría
www.decoaching.com

*Ésta historia forma parte del libro Tu Minuto de Coaching de Guillermo Echevarría. Tu Minuto de Coaching es una marca registrada.

Estudio: ROI en el Coaching ejecutivo

Executive Briefing: Case Study on the Return on Investment of Executive Coaching

Prepared by:
Merrill C. Anderson, Ph.D.
MetrixGlobal, LLC
November 2, 2001

A Fortune 500 firm and Pyramid Resource Group, a coaching services company, recently engaged MetrixGlobal LLC to determine the business benefits and return on investment for an executive coaching program. This executive briefing was excerpted from the final report of the study and is intended for the private use of MetrixGlobal clients and professional associates. Please contact Merrill Anderson, merrilland@metrixglobal.net, 515 278-0051, for additional information.

The Bottom Line: Coaching produced a 529% return on investment and significant intangible benefits to the business. The study provided powerful new insights into how to maximize the business impact from executive coaching.

Introduction
A Fortune 500 firm launched an innovative leadership development effort that was expected to accelerate the development of next generation leaders. The participants in this effort were drawn mostly from the ranks of middle managers and from many different business units and functional areas. Leadership development activities included group mentoring, individual assessments and development planning, a leadership workshop and work on strategic business projects.

Coaching was considered to be a key enabler for this approach to leadership development because the participants could work privately and individually with his or her coach to develop specific leadership competencies. The client organization engaged the Pyramid Resource Group to provide coaching to the leadership development participants. While participants spoke very highly of their experience with coaching it was decided to conduct a formal assessment of the effectiveness and business impact of coaching. It is intended that the results from this study be used to determine:

1. How did coaching add value to the business and what was the return on investment?
2. How could coaching be best leveraged in the future, especially if coaching was to be expanded to other business regions?
Data Collection Procedures
It was decided that the best way to isolate and capture the effects of coaching on the business was through a questionnaire. This questionnaire had two parts. Part one was completed electronically via email and examined clients initial reaction to coaching, what they learned, how they applied what they learned and captured their initial assessment of business impact. Part two was conducted over the telephone with each respondent and probed more deeply into business impact and the financial return on investment

The target population for the survey was 43 leadership development participants. These participants were drawn from two regions: Eastern United States (37) and Mexico (6). These participants represented a cross section of the business and included those in sales, operations, technology, finance and marketing. All had been identified as potential leaders and executives. Thirty (30) of 43 leadership development participants returned their surveys for a 70% response rate.

Results
Coaching was a very effective developmental tool for the leadership development participants, producing financial and intangible benefits for the business. Coaching sessions were rich learning environments that enabled the learning to be applied to a variety of business situations. Decision-making, team performance and the motivation of others were enhanced. Many of these business applications contributed annualized financial benefits. Other applications created significant intangible benefits. Overall, the participants appreciated their coaching experiences and would highly recommend coaching to others.
Three-quarters (77%) of the 30 respondents indicated that coaching had significant or very significant impact on at least one of nine business measures. In-depth discussions were conducted over the telephone with each respondent to further explore the business impact of coaching. Sixty percent of the respondents were able to identify specific financial benefits that came as a result of their coaching.

Overall, productivity (60% favorable) and employee satisfaction (53%) were cited as the most significantly impacted by the coaching. Respondents defined productivity in this context as relating to their personal or to their work group productivity and half (50%) documented annualized financial benefits. Employee satisfaction was viewed both in terms of the respondents being personally more satisfied as a result of the coaching as well as the being able to increase the employee satisfaction of their team members. The respondents could not quantify this benefit in financial terms. Employee satisfaction, then, was a significant source of intangible benefits. Customer satisfaction (53%) was also a significant source of intangible benefits.

The next most frequently cited as being significantly impacted by coaching were work output (30%) and work quality (40%). Twenty percent of the respondents identified financial benefits as a result of increased work output. Many respondents reported improvements in work quality, however, they were not able to quantify these improvements in terms of dollar benefits. Work quality improvements were considered an intangible benefit of the coaching.

Program costs were tabulated for all 43 leadership development participants in determining the return on investment. A 529% return on investment was produced by the coaching process (excluding the benefits from employee retention). While those clients who had customer or people responsibilities produced proportionally greater financial benefits, the realization of benefits to the business was fairly widespread throughout the group involved in this study.

Recommendations were made to maximize the business benefits from executive coaching:

Ø Manage the entire coaching process to ensure consistency and quality. Though the content of individual coaching sessions should always be confidential, the coaching process itself needs to be managed to ensure that the coaching clients and the coaches are following the appropriate process and leveraging best practices.

Ø Prepare clients in advance for coaching and don’t force coaching on anyone. Because coaching remains a relatively new development technique, people may not understand how the coaching process can help them become better business professionals. The sooner they understand the process, the sooner they will see results.

Ø Offer clients the ability to select their coaches. Chemistry is important to build an effective coaching relationship. Provide prospective coaching clients with information about the coaches including biographies, education, coaching credentials, functional expertise, industry experience and other background information.

Ø Provide coaching strong organizational support. Those being coached should receive encouragement and support from their immediate managers. Also, coaching should be conducted in the context of other developmental efforts such as competency development, assessments, mentoring and leadership workshops.

Ø Ensure coaches are grounded in the company’s business and culture. Coaches are more effective when they can identify with and talk about the realities of their client’s environment.

Ø Allow each coaching relationship to follow its own path. A major difference between coaching and training is that coaching allows the individual to determine what works best for him or her at a very personal level. Coaches need wide latitude to work with “the whole person” and help each client be more effective as a person as well as to be more effective as a business leader.

Ø Build performance measurement into the coaching process. Evaluation of coaching should be designed into the process from the beginning to better set performance expectations and open up new learning opportunities for making coaching more effective while the coaching is being conducted. For example, coaching can be refocused to deal with issues or to ensure that business priorities will be met. In this way, the evaluation of coaching becomes more than just a measuring stick – it becomes a structured approach to deepen the business value of coaching.

About MetrixGlobal, LLC

MetrixGlobal LLC is a professional services firm specializing in performance measurement solutions that increase accountability for bottom-line business results. Whether it’s developing a scorecard for a corporate university, determining return on investment for a human resources program or conducting a business impact study on an organization change initiative, MetrixGlobal consultants partner with clients to create powerful measurement methodology. Please visit our web site, www.metrixglobal.net to learn more about us.

Y tú, ¿qué @#¿?^+* sabes del coaching?

Artículo escrito para la revista “Proyección del Capital Humano”

Hace algún tiempo, una persona que conozco me decía estar preocupado por el mal desempeño de un subordinado: “fulano anda haciendo mal las cosas, hay que darle coaching para decirle qué tiene que hacer”. Indudablemente mi conocido no tenía idea de que es el coaching.

En los últimos años se ha despertado un gran interés y necesidad por parte de las empresas, de contar con coaches que apoyen a sus ejecutivos a mejorar su desempeño, y a partir de entonces, es increíble la cantidad de coaches, escuelas, metodologías y herramientas relacionadas con esta disciplina, que han surgido como por arte de magia.

Los que nos dedicamos al coaching de manera profesional (unos más conocidos que otros, sin que la capacidad tenga que ver necesariamente con ello), vemos que para muchos proveedores del servicio, el coaching es una moda que debe aprovecharse mientras dure.

La verdad es que esta noble y sensacional (con toda intención utilizo esta palabra por su connotación acerca de los sentidos) profesión, tiene mucho más tiempo de lo que la gente cree y además, es mucho más que una moda.

Si uno tiene la intención de adentrarse en la carrera de coach, ya sea de manera profesional, o bien como parte de los roles que desempeña un líder, es importante tomar en cuenta varios aspectos.

El primero: Qué es realmente el coaching y cuáles son sus beneficio

Tomando en cuenta que existen un sinnúmero de artículos que hablan de ello y de las bondades de esta disciplina, podemos resumir diciendo que el coaching es una relación entre un individuo o equipo que quiere pasar de un estado actual a uno futuro, y un coach que cuenta con las habilidades, conocimientos y vocación necesarias para ayudar al cliente (individuo o equipo) a lograrlo, a través de un proceso controlado mediante una metodología específica.

Un buen proceso de coaching acelera los resultados deseados por el cliente, y es ahí en donde radica una de las mayores ventajas de utilizar esta metodología. Además de obtener resultados más rápido que en un proceso normal de desarrollo, se genera la toma de conciencia y responsabilidad que cada uno debe tener de su propia vida. Si estamos hablando de un proceso de coaching profesional bien hecho, como individuos participantes en el proceso (tanto cliente como coach) estaremos siendo beneficiados con una mejor calidad de vida (en un proceso de coaching el aprendizaje se da en todos los participantes).

El segundo: Saber que en la vida de toda persona, existen momentos específicos en que requerimos de un proceso de coaching.

En nuestra experiencia personal, hemos identificado algunos de ellos y los enumeramos a continuación:

Insatisfacción en la actividad desarrollada.
Conocimiento de que se puede hacer algo más pero sin saber qué (“algo me falta”).
Se descubre uno mismo criticando la situación actual (jefe, empresa, compañeros).
Problemas psicosomáticos (dolores de cabeza, espalda, estómago, etc.).
Sólo la “necesidad” del sueldo lo mantiene en el trabajo (“¡Pero ya estoy harto….si no fuera por que necesito el dinero….!”).
Falta de energía para comenzar el día y exceso de la misma para buscar la hora de la salida.
La vida pasa inútilmente y sin rumbo, razón o propósito.
Bajo desempeño.
Indecisión en cuanto a la carrera profesional o algún otro ámbito de la vida.
Estar “atorado” o “estancado” en algo relacionado con la vida profesional o personal, lo que produce las anteriores.

La verdad es que la mayoría de las veces en que caemos en alguno de los casos anteriores, buscamos de manera natural a alguien para que nos escuche y nos ayude con nuestra insatisfacción. Si caemos en buenas manos, podremos salir avante. Si no es el caso y encontramos a alguien en iguales circunstancias, acabamos formando un grupo de incomprendidos y quejosos, que se reúnen en cualquier momento para competir a ver a quién le está yendo más mal.

El tercero: Qué hace el coach y cuáles son las características con que debe contar para desempeñar su trabajo.

El coach, como ya mencionamos, apoya y acompaña a su cliente para que defina su situación actual y futura, haga distinciones, genere posibilidades, tome conciencia de sí mismo y de su entorno, establezca acciones y sus prioridades y se mueva tomando la responsabilidad de su propia vida.

El coach sigue la agenda del cliente y lo acompaña mediante preguntas, escucha activa, observaciones, principios, herramientas, metodología, modelos y todo aquello que lo ayude a enfocarse y generar posibilidades y acciones que lo conduzcan al estado deseado.

El coach se encarga del proceso, mantiene límites profesionales en la relación, asegura la confidencialidad, sigue un código de ética de la profesión de coaching y deja que sea el cliente el que maneje el contenido a tratar. Por ningún motivo, el coach le dice al cliente lo que tiene que hacer, pero se asegura de que el cliente desarrolle su plan de acción y lo reta (positivamente) para que lo cumpla.

De acuerdo con Alberto Calderón, creador del modelo de Coaching Sistémico, la actividad del coach tiene, principalmente, los siguientes propósitos:

Enfoque. Mediante conversación y preguntas profundas para enfocarse en sí mismo, buscando las grandes verdades y el éxito personal dentro de uno. Conocer y aprovechar sus talentos, capacidades, fortalezas y potencial.
Observación. De los comportamientos y la forma de comunicación con otros.
Escucha. Percibiendo e interpretando las intuiciones, supuestos, juicios de uno, para encontrar sentido en lo que dice el otro.
Auto disciplina. Para revisar las actitudes, creencias, y comportamientos actuales y desarrollar otros nuevos que le sirvan de mejor forma para el logro de los objetivos.
Estilo. Fuerza el estilo actual de influencia personal y sus limitaciones para desarrollar un estilo ganador.
Acciones decisivas. Aún cuando sean desagradables, y despreciando las inseguridades personales, para alcanzar lo extraordinario.
Compasión. Comprensión hacia uno mismo conforme él o ella experimenta con nuevos comportamientos, vive experiencias con reveses, así como él las vivió.
Humor. Compromiso para no tomarse uno mismo muy en serio, utilizando el humor para iluminar y abrillantar cualquier situación.
Control personal.* Manteniendo la calma al encarar desacuerdos y expectativas no alcanzadas, evitando reacciones emocionales.
Valor. Para alcanzar más que antes, desechando la base del temor y convirtiendo a la abundancia en la esencia de la estrategia del éxito, comprometiéndose a una continua auto evaluación, para superar los obstáculos internos y externos.

Si analizamos los puntos anteriores, encontramos que muchos de ellos se relacionan con el desarrollo de las habilidades específicas del coach, que no todo el mundo tiene, o las tiene pero no en la profundidad necesaria para desarrollar la profesión.

El cuarto: Los entregables y la medición del éxito del coaching.

Comenzaremos por decir que el único capacitado para evaluar el éxito del proceso de coaching es el cliente que lo recibe directamente, ya que es el experto de su propia vida.

Si tomamos en cuenta el punto de vista del que contrata el servicio de coaching, como puede ser la empresa a través de Recursos Humanos, el jefe directo, etc., debemos estar seguros de que requerirá tener claro que el proceso de coaching funcionó.

Para medir el éxito del proceso de coaching, encontramos dos tipos de indicadores:

Externos, que pueden ser comprobados por otros, como los son las competencias o comportamientos observables (o los cambios positivos en estos), el logro de metas y la mejora en el desempeño con todos sus indicadores (eficiencia, productividad, etc.).
Internos, que tienen que ver con la propia percepción y evaluación del cliente en cuanto a satisfacción, cambio de paradigmas, creencias, toma de conciencia, nuevas posibilidades, distinciones, auto confianza, felicidad, etc.

Una persona que lleva a cabo un exitoso proceso de coaching, toma mejores decisiones debido a que tiene mayor claridad y auto confianza.

El quinto y último: Que el coach esté certificado y/o alineado a una asociación o federación de coaching, da la tranquilidad al cliente de que es una persona congruente con su profesión (esto aplica también para un programa de capacitación en habilidades de coaching).

Existen realmente pocas asociaciones, federaciones o agrupaciones que establecen, regulan y certifican habilidades y estándares de la profesión de coaching a nivel mundial. Dentro de las más reconocidas y prestigiosas se encuentran la International Coach Federation (ICF) y la International Asociation of Coaches (IAC). Ambas fueron fundadas por el que es considerado padre del coaching moderno, Thomas Leonard, quien también fundara una de las agrupaciones más grandes de coaches con fines educativos: Coachville.

Todo aquel que quiera acercarse a esta joven y enriquecedora profesión de coaching, debe revisar si tiene vocación para ello (puede evaluarse en morecoach.com).

Después, revisar las opciones que hay en el mercado, dentro de las que se encuentran el Coaching Sistémico (único en México acreditado por la ICF), el Coaching Ontológico ABC, el coaching con PNL y Metacoaching, el Cognitivo, el modelo de Coachville (cuyo presidente en México es Alberto Calderón) y algunos otros más que se han preocupado por hacer las cosas de manera profesional y cuyos programas contemplan una preparación adecuada. Buscar las opciones que cuentan con altos estándares internacionales y se preocupan por llevar al mercado coaches confiables, hará que el coaching no sea una moda, sino una disciplina de alto potencial para mejorar la vida de las personas.

Finalmente, se requiere practicar y dominar las habilidades, modelos, y herramientas, capacitación constante, apoyo de un coach y asegurar que se sigue teniendo una gran vocación de ayuda.

Si requiere más información, escríbanos a contacto@acctua.cc.

Colaboraron para este artículo:

Juan Carlos Flores Merino
Carlos García Prado
Alberto Calderón Danel
Coaches Sistémicos Certificados

¿Y el otro zapato?

Por Juan Carlos Flores Merino

Durante el trayecto en auto….

– Oye papá, (hija pequeña de tamaño estándar en la edad de los por qués) ¿por qué cuando se ven zapatos tirados en la calle solo está uno?, ¿y el otro zapato? – No sé enana (papá intelectual de “cierta edad”, como la tenemos todos y lo cierto es que nunca sabemos cuándo empieza ni cuándo termina). La verdad es que nunca me lo había preguntado. A lo mejor alguien llevaba los dos en una bolsa y se le cayó uno de ellos y no se dio cuenta. Es más, cuando notó que había perdido un zapato, tiró a la basura el otro que le quedaba. – ¿No se te hace que sería muy tonto que en todos los casos pasara eso que dices? – (Razonamiento sencillo y contundente…. ¿qué le digo?). Preguntas unas cosas muy extrañas. – Bueno, es que si fuera cierto lo que dices, quiere decir que la gente no pone atención en lo que hace. O a lo mejor no terminó de poner el otro zapato en la bolsa y creyó que lo había perdido y tiró el que llevaba y cuando llegó a su casa se dio cuenta que tenía ya un solo zapato y tuvo que tirar ese también y… – ¡Bueno, ya estamos llegando, prepárate para bajar! Y hablando de zapatos, ponte los tuyos y recoge tu tiradero.

Una vez estacionando el auto, nos apeamos (como dicen las traducciones castellanizadas) y entramos a la casa.

Estando dentro, cada uno se fue a realizar sus actividades normales del día.

Ya por la tarde se me acercó mi hija y me preguntó si ya había arreglado su juego electrónico como lo prometí. Por supuesto la respuesta fue la que todo padre normal que se precie de serlo daría:

– Ya casi queda. Le compré las pilas y ¿qué crees? Hasta encontré el desarmador exacto para abrirlo. En un rato quedará listo. – O sea que todavía no está…. – Mmm, pues así es. Pero no te preocupes, de una vez lo vemos. Anda vamos.

Fuimos hasta su cuarto y tomé el juego. Por supuesto que había dejado el desarmador que requería en el armario de los “tiliches” al que tuve que ir. Ahí también encontré las pilas nuevas. Regresé de nuevo al cuarto de mi hija y una vez frente al juguete, me di cuenta que junto a éste estaban otras pilas nuevas.

– Mira, no me di cuenta y compré pilas nuevas. Eso me pasa por no revisar. – ¿Cómo con los zapatos que tira la gente por no fijarse? – Justamente (tragándome mi orgullo de padre sabelotodo y omnipotente)

Me entretuve arreglando el dichoso aparato, mientras que reflexionaba en lo que aprendí gracias a mi hija.

Pensé en cuántas veces hacemos las cosas a medias y no las terminamos o duplicamos trabajo por no fijarnos en lo que ya habíamos avanzado. Justamente como el otro zapato que no aparece para formar el par.

Estoy convencido que los esfuerzos que hacemos para no terminar algo que ya comenzamos, contienen más energía que la necesaria para cerrar el ciclo.

Esto me hace recordar aquel chiste (aunque no se si fue una anécdota disfrazada) en el que un nadador trata de cruzar el canal de la Mancha y justo cuando ha cruzado la mitad, reflexiona, se desanima y se regresa al inicio porque está seguro de que no podrá terminar el reto.

La naturaleza, que es tan perfecta y tiene todo definido, cuenta con ciclos que se abren y se cierran todas las veces. Si nosotros somos parte de este gran sistema natural, ¿por qué nos cuesta tanto trabajo cerrar nuestros propios ciclos?

A partir de esta experiencia con mi hija, cada vez que alguien no está terminando algo que ya comenzó nos preguntamos ¿y el otro zapato?

Usted que está leyendo, ¿cuántos pares de zapatos incompletos tiene?

El último coach

Por Juan Carlos Flores Merino
Coach de ACCTÚA

Estaba finalizando la semana de trabajo y yo dando carpetazo a algunos asuntos más bien personales. Escribía un poco de prosa poética. Algo como:
“Era uno de esos momentos en que uno se convierte en cómplice del atardecer al observar como mata al día y tiñe de rojo el cielo para dejar paso a la noche”, cuando alguien tocó a mi puerta.

Era un hombre bien vestido y con aires de importante ejecutivo.
Me preguntó si era el coach del que en algunas empresas le habían hablado tanto (y tan bien diría yo por sus comentarios) y que lograba ayudar a las personas a conseguir sus metas.

Primera sesión

Coach – Efectivamente y gracias por las buenas referencias. ¿En qué puedo servirle?
Cliente – Mire, requiero un coach que me ayude a lograr un solo objetivo, algo fácil pero que requiere de una decisión que no acabo de tomar.
Coach – Me encantará ayudarlo. ¿Le parece que platiquemos?
Cliente – Bien, pues lo que yo quiero es suicidarme, pero quiero hacerlo con toda la elegancia y efectividad posible, sin dejar de tomar en cuenta todos los aspectos.
Mi sorpresa fue grande y me costó trabajo digerir lo que acababa de oír. Pensé que podía ser una broma, pero aquel hombre, como de 50 años y de excelente apariencia, parecía hablar en total uso de sus facultades.
Coach – ¿Le parece que platiquemos de su objetivo?
Cliente – Claro, por eso estoy aquí…¿Qué quiere saber?
Coach – Cuénteme quién es usted
Cliente – Mire, la verdad es que estaba yo seguro de quién era, pero a últimas fechas no lo sé a ciencia cierta. Le puedo decir que soy un hombre de 53 años, ingeniero de profesión, casado con una bella esposa, de la cual estoy enamorado pero con la que tengo poca comunicación. Soy padre de dos hijas hermosas y un hijo encantador que ya están encarrerados en su vida y poco tiempo tienen para mí. Soy dueño de una empresa que genera suficiente utilidad como para mantener muchas familias, pero que ya no me emociona. Soy amigo de muchas personas que ya no puedo ver porque no tengo tiempo debido a mi apretada agenda de negocios.
Coach – Me está describiendo todo lo que hace pero no me ha respondido quién es usted.

Noté un halo de sorpresa en su cara al no aceptar su respuesta como válida. Después de unos momentos de recapacitar, continuó.

Cliente – Soy un hombre solitario que se perdió de tantas cosas por mi apretada agenda de negocios, y que en realidad no sabe quién es.
Coach – Bien. ¿Para qué quiere suicidarse?
Cliente – ¿Para qué?. Pues podría decirle por qué, pero en realidad no me había puesto a pensar para qué. Yo creo que para salir de está tortuosa vida que me ha tocado vivir. Para dejar de tener tantas presiones de ser como los demás requieren de mi que sea, y quizás para dejar de sufrir mi soledad.
Coach – Déjeme entender algo. Me mencionó hace unos momentos acerca de su bella esposa, sus magníficos hijos, la aportación que hace a muchas familias y los amigos que tiene y después me habla de sufrimiento. ¿En que parte todo lo bueno que me dijo cambia para convertirse en malo?
Cliente – Viéndolo desde ese punto de vista parecería que mi vida es sensacional, ¿no?. A lo que me refiero es que la vida me ha dado tantas cosas, sin embargo no he tenido tiempo de disfrutarlas. Por eso, la vida se ha puesto muy triste para mi.
Coach – Dependiendo desde dónde la observe, ¿no es así?
Cliente – Mmm, pues sí. En fin. ¿Puede ayudarme o no? No quiera hacerme cambiar de opinión, ya que me ha costado mucho trabajo decidirme a lograr mi objetivo.
Coach – No es mi intención hacerlo cambiar de opinión, ya que usted es el dueño de sus decisiones. ¿Qué espera de mí como coach?
Cliente – Usted solo tiene preguntas que cuestan trabajo contestar. Me pone a pensar y es realmente de lo que estoy huyendo. En fin, yo podría contestarle para qué lo quiero y es que me interesa no dejar cabos sueltos, por decirlo de alguna manera. Quiero que todo quede perfectamente arreglado para todos los que me rodean, ya que la decisión es mía y no tengo por que perturbar con arreglos a los demás cuando ya suficiente tendrán con entender mi decisión.
Ahora, con respecto a qué espero de usted como coach, me imagino que tenga usted las habilidades para entender todos los recovecos posibles que tengo que arreglar para llevar a buen término mi objetivo. ¿Respondí a su pregunta?
Coach – ¿Está usted convencido de lo que me dijo?
Cliente – Emmm, pues sí.
Coach – Bien. Por lo que veo, suicidándose arreglará de tajo todo lo que me dice. Ahora bien, déjeme preguntarle algo…¿Existiría algunas otras alternativas que dieran resultados similares a lo que usted quiere lograr?
Cliente – Ahí va de nuevo….Pues se me ocurren varias pero tienen que ver con que los demás cambien y a estas alturas creo que la gente no lo hará, ni yo podré obligarlos.
Coach – ¿Está dispuesto a dedicarle el tiempo necesario al proceso de coaching para llegar al mejor resultado?
Cliente – Considerando que será lo último que haga, creo que no tengo prisa.
Coach – Excelente. Me parece que tenemos suficiente por esta sesión. Le voy a dejar tarea. Por favor piense y defina para la siguiente vez que nos veamos, las 3 o 5 cosas que deben quedar arregladas para antes de suicidarse y qué repercusiones traerá su muerte para las personas que lo rodean, las más queridas y la empresa. En otras palabras, imagine cómo debería quedar todo para que usted proceda con sus intenciones y qué pasará en el corto y mediano plazo con la gente que le importa.
Cliente – Está bien. Vine para quitarme la presión y me llevo más trabajo. Lo haré durante los siguientes 8 días y nos vemos en 10, ya que hay un evento de la empresa que no puedo faltar. Son de esas reuniones sociales que todavía me gusta asistir. No todo es tan malo.
Coach – Entonces nos vemos el día 20 a la misma hora aquí en mi oficina, ¿Le parece bien?
Cliente – De acuerdo, nos vemos entonces.

Una vez que se marchó el cliente, pude relajarme y, dicho sea de paso, casi desmayarme. De no ser porque en el coaching manejamos un modelo y nos metemos en el proceso, habría sucumbido en el primer minuto y hubiera tratado de convencerlo de que no lo hiciera. Además cuesta trabajo hablar de la muerte y el suicidio, pero, después de todo, así se llaman.
Me parece que el que necesitaba ahora una sesión de coaching era yo. Aproveché para hacer cita con mi coach ya que necesitaría estar bien afilado para la siguiente sesión.

Pasaron los días y la verdad es que cada uno que acababa y cada cliente que veía, me recordaban mi siguiente cita con “El cliente”. Me decía yo: “¿Se habrá suicidado ya?” “Espero que no”. “Creo que no”. “Ojalá que no….Soy coach, no superhombre y sigo teniendo dudas, temores y quizá no esté preparado para este caso”. De lo que si estaba seguro es que si la decisión de mi cliente estaba bien fundamentada (para él), haría lo que quisiera hacer. La verdad es que sonaba muy duro, pero sin importar el desenlace, no estaría ni bien ni mal. Solo sería así. La vida es perfecta y cada quien la ve cómo quiera verla y desde el punto de vista que elija.

Llegó el esperado y tan temido día de la siguiente cita. En punto de la hora y como buen hombre de negocios, llegó mi cliente, con un fólder perfectamente ordenado con lo que parecía un tratado de negocios.

Segunda sesión

Coach – Buenas tardes, ¿cómo le fue con la tarea?
Cliente – La verdad es que me fui refunfuñando y pensando que era mucho rollo para algo tan sencillo como es quitarme la vida, pero estoy acostumbrado a seguir un proceso para tomar decisiones y actuar en consecuencia. Aquí está todo.
Coach – Vamos a ver, ¿qué definió como las cosas más importantes que quería dejar arregladas antes de quitarse la vida? (yo mismo me soné muy frío, sin embargo no encontré otra forma de ser directo con mi cliente).
Cliente – Que fuerte suena lo que me dice.
Coach – ¿Cómo lo diría usted?
Cliente – ¿Partir, evadir, escapar?…. Creo que suena débil ahora ¿no?
Coach – ¿Le parece?, ¿Qué le dice a usted esta reflexión que acaba de hacer?
Cliente – De entrada que parece que quiero escapar. Luego que tengo que estar bien seguro de que es la mejor decisión. Pero, como le dije antes, ya tomé mi decisión y espero que no me haga cambiar de opinión.
Coach – No pretendo convencerlo, pero si que usted se convenza de que lo que decida sea lo que cumpla lo que quiere obtener.
Cliente – Bueno, bueno, pasemos a revisar mi tarea. Encontré 3 imperativos estratégicos dentro de lo que quiero dejar arreglado:
1. Que mi familia quede protegida económicamente.
2. Que la empresa siga funcionando bajo la visión que tengo de ella, a favor de la gente que trabaja para mí.
3. Que todos a mi alrededor estén seguros de que fui un excelente amigo, compañero, jefe, líder y por supuesto, esposo y padre.
Coach -Suena bien. ¿Qué ha pensado hacer para que todo ello quede tal como lo pensó y cómo sabrá que se lograron esos “imperativos” como usted los llama?
Cliente – No le digo, usted me sigue complicando la existencia. En una de esas no le pago y me voy antes…..Era broma. La verdad es que estoy encontrando muchas cosas que no había pensado realmente.
En la parte económica, tengo que arreglar todos los papeles necesarios como seguros, testamentos, acciones de la empresa, regalías, etc. En cuanto a la empresa, dejar los poderes, sesiones, instrucciones, personas a cargo y demás menesteres. En lo relacionado con las personas que me rodean, hablar con ellos para dejarles ver mi situación para que no les sorprenda.
Coach – Me parece muy adecuado. Solo algunas preguntas.
La parte administrativa la conoce usted mejor que yo, sin embargo me gustaría saber
¿qué tiene pensado hacer y decirle a su gente para que sepan que su decisión es la más adecuada?
Cliente – Me agarró con los dedos en la puerta… Suena a que me tengo que poner como víctima y la verdad es que nunca lo he sido y aborrezco a los que se tiran al piso para que otros lo levanten. Creo que más bien tendría que hablar con cada uno de ellos y decirles lo que siento y pienso.
Coach – ¿Qué le diría por ejemplo a su esposa y a sus hijos, e inclusive a sus colaboradores?
Cliente – A mi familia que me agrada estar con ellos y que no les he dedicado el tiempo y espacio que yo quisiera. Adelantándome a sus preguntas, haría algo similar con mis amigos y quizá con algunos de los colaboradores. Quizá hasta hablaría de un tema profundo relacionado con el valor del tiempo, en la siguiente reunión de la empresa.
Coach – ¿Cuándo lo hará?
Cliente – Luego luego la presión… La próxima semana con mi familia, uno por uno y la otra semana con algunos elegidos, los más importantes para mí. A la compañía, en la fiesta de año nuevo.
Coach – Aquí lo anoto en mi bitácora para tenerlo presente. ¿Me avisa las fechas exactas para cada plática por favor? Le voy a llamar pasando las citas para ver cómo le fue. ¿Le parece?
Cliente – Si le digo que no, me va a entrar la desesperación de contarle, así que, sí, está bien. Le llamo para darle las fechas.
Coach – Por correo me puede enviar las fechas, no se preocupe.
Cliente – Bien.
Coach – El tiempo nos vuelve a ganar. Nos quedarán dos pendientes: los resultados de sus entrevistas y la otra parte de la tarea, las repercusiones que traerán para sus personas más queridas y la empresa su suicidio.
Cliente – Nos vemos entonces en diez días a la misma hora y lugar.
Coach – ¿Le parece que cambiemos de hora y lugar? Propongo que caminemos por el parque de aquí enfrente por la mañana, justo al amanecer.
Cliente – Se me hace extraño salir de su oficina para tratar estos asuntos, pero usted es el coach.
Coach – ¿Qué le parece extraño?
Cliente – Que creo que los asuntos importantes se tratan de manera formal.
Coach – ¿Su familia es importante?
Cliente – Por supuesto
Coach – ¿Cuándo tiene que hablar con ellos de un tema que a usted le parece importante los cita en su oficina para darle formalidad?
Cliente – Claro que no, no tiene que ver la formalidad con la oficina……ahhh, ahora entiendo. Yo solo me reflejé, como dicen los psicólogos ¿no es así?
Coach – Podría decirse que se nos olvida que hay muchas maneras de ver las cosas. Nos vemos entonces. Yo le llamo en cuanto me envíe las fechas de las entrevistas.
Cliente – Hasta entonces.

Caramba, cuántas cosas aprende uno de los demás. Yo mismo me daba coaching cada vez que preguntaba cosas para hacer reflexionar a alguien y yo mismo me respondía. No cabe duda que uno pregunta lo que uno mismo requiere responderse.

Mi cliente me llamó para darme las fechas, en lugar de enviarme el correo. Eso me dice que le importa la parte personal más de lo que él piensa.

Justo al día siguiente de haber terminado sus entrevistas con sus seres cercanos, le llamé.

Tercera sesión (telefónica)

Coach – Que tal buenos días, ¿qué hallazgos hizo con sus entrevistas?
Cliente – ¿Por qué pregunta tan diferente a los demás? Pensé que me preguntaría ¿cómo le fue? Me es más difícil contestarle así, ya que tengo que pensar más, aunque ya entendí que de eso se trata.
Bien, pues encontré que mi esposa estaba esperando poder hablar conmigo para decirme lo mismo que yo quería decirle: justo que notaba que nuestra comunicación estaba atorada y que requeríamos hacer algo para mejorarla. Que quería decirme tantas cosas que pensaba y que sentía, pero que siempre me veía muy ocupado y preocupado. La verdad es que cambiaron muchas apreciaciones que yo tenía de nuestra relación. Ya hasta quedamos en tomar días de escapada para continuar nuestra antigua costumbre de desayunar e ir a la matinée del cine. Con mis hijos logré insertarme en sus agendas y entendí que nunca les había pedido que habláramos. Me dijeron todos que el que no tenía tiempo era yo y que en verdad ellos habían hecho un esfuerzo muy grande para no interrumpirme en mis apretadas citas de negocios. Ya tenemos fechas para los siguientes meses para dedicarnos tiempo juntos y con cada uno.
En cuanto a mis amigos, se les hizo raro que yo los llamara. Ellos solían dejarme recados y yo por alguna razón nunca les regresaba las llamadas. Me propuse con ellos que no dejaría ninguna llamada por contestar. Esto incluye a mis colaboradores más cercanos. Inclusive encontré que muchos de ellos, si no es que todos, se mueven mucho mejor sin mi supervisión. Creo que la compañía funcionaría mejor sin mí, ya que ahora lo hace a pesar de mí.
En verdad estoy sorprendido de todo lo que encontré. Me siento satisfecho. Me parece que de suicidarme, nada pasará con la empresa.
Coach – Excelentes hallazgos. Creo que con lo que platicamos es suficiente. Nos vemos en la siguiente cita en el parque.
Cliente – Muy bien, me parece que tengo mucho material para platicar. Nos vemos.
Coach – Hasta entonces.

Cuarta sesión

Pasado el tiempo, llegó el día de la caminata al amanecer. Como siempre, mi cliente cumplió con su agenda y llegó justo a la hora acordada. La verdad es que me costó trabajo levantarme y alistarme, por que además, hacía algo de frío. En fin, este trabajo me encanta y valió la pena ver el comienzo de un excelente día.

Cliente – Buenos días coach.
Coach – Buenos días coachee.
Cliente – A caray, ¿qué significa eso que suena tan raro?
Coach – Es una denominación que utilizan algunos coaches para llamar a sus clientes. La verdad es que ya se les dice clientes, pero de cuando en cuando lo sigo utilizando.
Cliente – Bien. Oiga, hacía mucho que no salía a ver un amanecer y me encanta. Gracias por cambiarme el panorama.
Coach – La verdad es que la vida sigue siendo la misma, pero nosotros nos encargamos de achacarle cosas que solo corresponden a nuestra interpretación. Recuerde aquello que dice “en este mundo traidor, nada es verdad ni es mentira, todo es de acuerdo al color del cristal con que se mira”. No sé si es exacto, pero recuerdo que mi papá así me lo decía. Ya me platicó que pasó con sus entrevistas y tengo una pregunta que hacerle, tomando una frase que usted mismo me dijo la ocasión anterior. Me refiero a que mencionó que la empresa funciona a pesar de usted, por lo que le pregunto ¿Qué le impide salirse de la empresa y dejar que trabaje sin usted?
Cliente – Me encanta que toma lo que yo mismo digo para agarrarme en curva. La verdad es que estuve pensando algo similar y creo que nada me lo impide. Sigo siendo el accionista mayoritario y dinero no me faltará, pero presiones sí, aunque estas últimas no las voy a extrañar.
Coach – ¿No eran esta parte de sus argumentos para suicidarse?
Cliente – De nuevo cachetada con guante blanco.
Coach – Antes que me diga algo, termine de platicarme su tarea pendiente. ¿De que manera afectará en el corto y el mediano plazo a sus seres queridos el que usted muera por su propia decisión?
Cliente – Habiendo platicado con ellos, estoy seguro de que en mucho. El que no estaba al alcance era yo, no ellos. La verdad es que no me di cuenta de esto hasta que comenzamos a trabajar en el coaching.
Coach – Una pregunta más ¿Si en la empresa tiene un sustituto para que siga funcionado, lo tiene para su familia y sus amigos?

Después de un largo silencio y lágrimas que brotaron fluidamente, el coachee se me quedó mirando y me dijo con una mirada de agradecimiento:

Cliente – Definitivamente no. En verdad me di cuenta de que en mi vida no había soledad sino desolación. Sí me gusta estar solo, pero siempre tuve miedo de estarlo y por eso me llenaba de citas. Era una forma de evitar enfrentar las cosas que no había resuelto en mi vida personal. Yo pensé que debía trabajar para todos los que me rodeaban y que ellos estuvieran bien. Pero me olvidé que lo más importante es lo que uno es y no lo que hace o tiene. Me comencé a dar cuenta cuando no pude contestar su pregunta de quién era yo. Eso fue lo que aprendí de mi padre o quizá lo que observé que hacía sin entender para qué lo hacía. Quizá el mismo enfrentó lo que yo, aunque el solo siguió trabajando hasta que un día murió trabajando para los demás sin disfrutar estar con los suyos.
Coach – ¿Cuál es su decisión en relación a su objetivo inicial y por el cual buscó mi ayuda?
Cliente – Voy a completar mi objetivo.

Con ojos de sorpresa y obvia preocupación, le dije a mi cliente:
Coach – ¿Perdón?

Con una risa estruendosa y secándose las lágrimas, mi cliente dijo:

Cliente – No se asuste coach. Lo que quiero decir es que completaré mi objetivo inicial pero con una variación. Me voy a suicidar de la empresa para dedicarme a lo que he descuidado: Mi familia, mis amigos y por supuesto, a mí mismo. Es como comenzar una nueva vida matando las presiones.
Coach – No me asuste, que soy muy centrado y objetivo pero antes que nada amo la vida.
Cliente – Hablando de eso, quiero hacerle ahora yo una pregunta ¿Por qué aceptó trabajar conmigo si como usted mismo dice, ama la vida y yo buscaba quitármela?, ¿No va eso en contra de sus valores y creencias?
Coach – Muy buena pregunta, me parece que ya va aprendiendo del coaching. Pues bien, cuando vino conmigo pensé que estaba muy decidido a llevar a cabo su objetivo y que si aceptaba tal encomienda de acompañarlo en el proceso, tendría una oportunidad de que se diera cuenta de lo que se perdería y que podría cambiar de parecer. Pensé que si no lo aceptaba, se quitaría la vida y yo no habría hecho algo.
Cliente – Pues bien coach, déjeme decirle algo. Antes que usted visité a otros coaches y ninguno quiso “entrarle” al proceso. De hecho, usted sería el último coach que vería. Tiene usted razón. De no haber aceptado ayudarme, hubiera completado mi objetivo.
Gracias coach. De ahora en adelante, usted será el coach de todos los ejecutivos de mi organización.

Semanas después, mi cliente y yo hicimos una sesión de cierre en donde le recomendé algunas cosas para hacer y leer. Me sorprendió grandemente que mi cliente ya había despegado. Esto de la intención de suicidarse realmente se cumplió ya que parecía que había renacido a una mejor vida, en donde la presión auto infligida dejó de ser una costumbre.

Este proceso de coaching pasó a ser parte de mis expedientes confidenciales, sin embargo, también se convirtió en una de las experiencias más reconfortantes y extraordinarias de mis vivencias como coach. De hecho, sigo agradeciendo haber sido “el último coach”.

El cambio de vida profesional… Una experiencia personal

Por Juan Carlos Flores Merino
Coach de ACCTÚA

Como muchas personas profesionistas que trabajan en excelentes empresas, yo tenía un empleo en una organización de la cual hasta la fecha me siento orgulloso. Sin embargo, en muchas ocasiones me sentí insatisfecho de mi vida profesional, de mi posición (aún cuando era de mucha responsabilidad como deberían ser todas) e inclusive de mi vida personal.

Dentro de mis funciones no se encontraban propiamente el ser instructor (o mejor dicho facilitador) sin embargo me las ingeniaba para ser incluido como tal. Esta preferencia a la fecha ha sido parte del camino que decidí tomar.

Dentro de esta experiencia de facilitar programas en donde a la gente le caen los “veintes”, me tocó facilitar un programa muy interesante relacionado con el tema “Planeación de la Carrera Profesional”. En este programa se revisaban los cambios personales que vamos teniendo en nuestra vida, las circunstancias que nos han llevado a tomar la carrera profesional que tenemos, nuestras creencias, valores, preferencias, etc.

Algo que he aprendido es que para dar cualquier tema, lo primero es creer en él y tener experiencia de vida en ese tema, por lo cual puse en práctica las herramientas utilizadas en el programa que menciono en el párrafo anterior y revisé lo que quería, tenía y podía hacer en relación a mi propia carrera profesional.

Como a muchos de los que han hecho un alto en el camino y se han dado cuenta de que no están en donde querían, me entró la incertidumbre al darme cuenta de que debía provocar un cambio en mi vida profesional y sentí miedo de llevar a cabo ese cambio.

Las bases de mi miedo eran las mismas que las de mucha gente: tener la fortuna de trabajar para una gran empresa, con un buen sueldo y seguridad de recibirlo quincenalmente, estatus, tranquilidad y otros componentes característicos de la denominada zonas de confort. Quede más insatisfecho que antes sabiendo que podía hacer muchas más cosas y no las estaba haciendo.

Impartiendo el programa de “Planeación de la Carrera Profesional”, recibí felicitaciones por mi participación así como comentarios contundentes del tipo: “voy a renunciar porque me di cuenta de que no estoy haciendo lo que quiero y estoy perdiendo el tiempo y se lo estoy haciendo perder a la empresa”.

Por supuesto que me quedaba frío pensando en la valentía ó imprudencia de la persona que me lo había dicho.

Ahora a la distancia y después de haber sido yo el que tomó una decisión similar, me doy cuenta de la imprudencia de haber seguido en una zona de confort habiéndome dado cuenta y sin buscar un cambio en mi vida. He pensado en el avance que hubiera tenido hasta este momento de haber tomado las riendas de mi vida en los albores de mi carrera profesional. (Hubiera es una conjugación del verbo haber, inútil en la vida real).

Actualmente, aunque no ha sido fácil, estoy en el camino que yo quiero y decidí tomar.

En muchas ocasiones me doy cuenta que existen muchas personas que como yo, no están satisfechas con lo que hacen y tienen muchas excusas para no tomar las riendas. A algunas les digo “si no te gusta tu jefe, cambia de jefe” (a la fecha ya he cambiado algunos). Por supuesto no sugiero que lo hagan de manera irresponsable (esto incluye hacer desaparecer al jefe, lo cual aparte del problema legal, nos deja al final con un jefe nuevo, igual o peor que el anterior) sino pensada, planeada e inteligentemente.

El tomar las riendas significa, revisar qué queremos, qué nos gusta, qué podemos y qué sabemos hacer y cuáles son las alternativas que podemos generar. Al final la decisión es nuestra. Y como dice Paulo Coelho “el Universo se confabula” cuando vamos en camino de conseguir lo que queremos y trabajamos en consecuencia.

Tres recomendaciones:

1. Tomar en cuenta a las personas que dependen de nosotros es importante. Cuando tomamos la decisión de qué es lo que queremos de nuestra vida, hay que involucrar a esas personas en el cómo lo vamos a hacer.
2. Buscar el apoyo de un Coach, sobre todo de uno que haya vivido en carne propia este tipo de experiencias.
3. Estar concientes de que el abrir puertas nuevas siempre nos va a cerrar puertas viejas.

Para evolucionar en cualquier ámbito de la vida, no queda más que definir el objetivo y movernos hacia allá.

El cierre en las ventas

Por Carlos García Prado
Coach de ACCTÚA

Como todos sabemos, una de las preocupaciones principales de cualquier vendedor es el cierre de la venta.

Lo anterior se da porque el vendedor común espera que su cliente potencial reaccione positivamente a una andanada de palabras, argumentaciones y descripción de un sinnúmero de características de su producto o servicio, sin darse el tiempo para escuchar, primeramente, las auténticas necesidades de su interlocutor. En este tipo de entrevista de venta, sólo ha sido uno quien habla. Mas que un dialogo entre dos personas, es un monólogo agresivo dominado por el vendedor.

Pensemos en el proceso de conquista de un hombre a su mujer ideal, como un paralelismo con el proceso de compra – venta.

¿Se imaginan al caballero que al ver por primera vez a su dama no le permitiera hablar y sólo se la pasara hablándole de lo que él considera que es bueno de su persona, en un torrente inacabable de “cualidades” (o beneficios), sin prestar atención ni consideración a las necesidades de la otra persona?

Imaginen que después de un rato de hablar y hablar de él mismo, se le ocurriera pedirle a la chica que se comprometiera con él. ¿Qué creen ustedes que ella diría? Lo que es más, ¿qué creen que ella pensaría de este hombre?

Bueno… el proceso de compra venta es igual al de enamoramiento entre dos personas. El objetivo fundamental debe ser la otra persona, manifestando un auténtico interés por la satisfacción de sus necesidades.

Cuando esas necesidades son realmente satisfechas con las características del producto o servicio ofrecido, el cierre se da casi en automático.

El cierre de ventas es la consecuencia de un proceso comunicativo en el cual el enfoque esencial debe estar en el cliente y sus necesidades.

Si el proceso ha sido defectuoso, el cierre difícilmente se dará.